Subo las escaleras, no enciendo la luz porque las conozco muy bien, llevo años subiéndolas a oscuras.
Me asalta una duda mientras subo: puede que alguien se haya colado en casa mientras me duchaba y esté subiendo detrás mía, sigiloso. Descarto la idea porque le oiría, el silencio es total y sólo se oyen mis pies descalzos y mojados sobre el mármol frío.
Un escalofrío me recorre la espalda, quizás tenga detrás algo que no haga ruido. Quizás un ente quiere acariciar mi espalda o abrazarme con sus fríos brazos.
No quiero acelerar mi paso porque esas cosas son tonterías, seamos razonables, esas cosas no existen.
Entonces me doy cuenta de que llevo una eternidad subiendo escaleras, mis pies no tocan el mármol y jamás llegaré al piso de arriba.
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